Joe Owen de Respuestas en Génesis en Ixmiquilpan, Hgo.

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El Seminario Teológico Alétheia [SEMTA] en coordinación con el Centro Familiar Peniel presentan ¿ALGUIEN DIJO “EVOLUCIÓN”?, una serie de conferencias sobre el origen de la vida impartidas por Joe Owen, Director del Ministerio Hispano de Respuestas en Génesis.

En esta serie de conferencias se abordarán – con fundamento bíblico, evidencia científica y de manera sumamente interesante – temas como la creación, el origen del sufrimiento y la muerte según el naturalismo y la Biblia, problemas con la Teoría del Big Bang y la evolución Darwiniana, el diluvio, dinosaurios, antropología, entre otros. Por tal motivo, este evento es recomendado para el público en general, incluyendo estudiantes de secundaria en adelante.

Será celebrado el sábado 7 de Julio 2018 de 9:00 am a 2:30 pm en las instalaciones del Centro Familiar Peniel, Calle de Jesús No. 70, Col. Dios Padre; Ixmiquilpan, Hidalgo, México.

Aunque puede sufrir algunas modificaciones dependiendo de la fecha y la sede, el programa seguirá el siguiente patrón:
9:00 a 9:30 – Registro y bienvenida
9:30 a 11:00 – Cosmovisiones y creación
11:00 a 11:15 – Primer receso
11:15 a 12:45 – Corrupción y catástrofe
12:45 a 13:00 – Segundo receso
13:00 a 14:00 – Confusión, Cristo y Consumación
14:00 a 14:30 – Preguntas y respuestas
14:30 – Cierre y despedida

CUOTA DE RECUPERACIÓN
$120 público en general
$80 estudiantes

Para mayores informes en Ixmiquilpan, Hidalgo:
Pastor Sixto Vicente
771) 776 36 50
Centro Familiar Peniel

 

La vida de Jesucristo

Jesús (también conocida como «La vida pública de Jesús») es una película de 1979, dirigida por John Krish y Peter Sykes y protagonizada por Brian Deacon como Jesús de Nazaret. Esta película corre a través de la vida de Jesús empezando con su nacimiento y culminando con su ascensión a su hogar celestial. El Evangelio de San Lucas de la Santa Biblia, fue escogido como la base del diálogo y acción para la película. Cinco años de cuidadosa preparación antecedieron la filmación en Israel en los lugares donde se llevaron a cabo los hechos reales en el evangelio. Las escenas son emocionantes y muestran muchos de sus milagros.

Características de un buen sermón

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Cada domingo, millones de cristianos alrededor del mundo asisten a las reuniones de su iglesia local y escuchan a un predicador exponer un pasaje o un tema de la Palabra de Dios. Ese es uno de los medios de gracia más poderosos que Dios usa para salvar a los pecadores y santificar a los creyentes. Pero no todo sermón tiene el mismo impacto en la vida de quienes escuchan. Aunque diversas razones puedan ser dadas para esto, y ninguna se escapa a la voluntad soberana de Dios, hay ciertos elementos esenciales que poseen aquellos sermones que son más usados por Dios para la salvación y edificación de las almas.

En primer lugar, su contenido es el mensaje de la Palabra de Dios.

Un sermón, por encima de todas las cosas, es una exposición fiel del mensaje contenido en el texto o pasaje de las Escrituras que está siendo expuesto. En Hechos 20:25, Pablo se refiere a sí mismo como un heraldo del reino de Dios. En el mundo antiguo la función del heraldo no era otra que la de transmitir con fidelidad la mente de su Rey. Es por eso que se requerían dos cosas para ser un buen heraldo: la primera, obviamente, era tener buena voz; la segunda, un carácter confiable. El rey debía estar seguro de que podía confiar en esa persona como un transmisor fiel del mensaje que se le había encomendado (cp. 1 Cor. 4:1-2). Esa es la encomienda de Pablo a Timoteo: “Predica la Palabra” (1 Tim. 4:2). Ahora bien, cuando hablamos de predicar la Palabra, lo que queremos decir no es meramente que el ministro verdadero no predica el contenido del Corán, o del Libro del Mormón, o de los escritos de Elena G. de White. Se supone que ningún ministro del evangelio hará tal cosa. Lo que queremos enfatizar es que el ministro del evangelio debe estar seguro de que en verdad está entregando el mensaje de la Biblia; no porque cita un texto aquí y otro allá que parecen apoyar sus ideas, sino porque, a través del estudio diligente y una exégesis cuidadosa de las Escrituras, este hombre ha desentrañado el verdadero significado del texto, pasaje o tema bíblico que está exponiendo.

En segundo lugar, un sermón se distingue porque posee unidad.

La unidad es una característica esencial del sermón. El predicador no es un comentario bíblico ambulante; es el portavoz de un mensaje. Y esta distinción es de suprema importancia. Algunos entienden que predicar es lo mismo que comentar un pasaje de las Escrituras, explicando lo que significa el versículo 1, y luego el 2, y el 3, y así sucesivamente. Pero eso no es un sermón, eso es un comentario bíblico hablado. Un sermón es un mensaje, un mensaje que extraemos de las Escrituras a través de un trabajo exegético concienzudo y que transmitimos a través de la predicación. Ese mensaje tiene sus partes, sus divisiones, variedad en las ideas, pero todas sus partes, divisiones e ideas conforman un todo. Y es a ese “todo” que llamamos el sermón. Por eso alguien ha dicho que el sermón debe ser como una bala y no como una munición. La munición se abre en muchos fragmentos, mientras que el sermón va dirigido hacia un objetivo en particular. Cuando un sermón carece de unidad es posible que algunas frases sueltas tengan cierto efecto en la mente de algunos, pero el sermón como tal probablemente no será muy eficaz.

En tercer lugar, un buen sermón posee orden.

El orden de una exposición es muy importante para que pueda ser entendida y recordada por aquellos que nos escuchan. Nuestro Dios es un Dios de orden (1 Cor. 14:3340), y Él nos hizo de tal manera que captamos mejor las cosas cuando son presentadas en una forma ordenada y secuencial. Si comenzamos a contar “1, 2, 3, 4”, todos esperan que sigamos con el “5”, no con el “16”. O si digo “a, b, c” nadie espera que salte a la “r”. Dios nos hizo así; nos dio una mente que capta mejor las cosas cuando son presentadas en un orden lógico. Si queremos informar el entendimiento de nuestros oyentes, debemos presentar el material bíblico en un orden lógico. Traer delante de la congregación un montón de pensamientos desordenados sobre un mismo asunto, por más buenos que sean, no le hará mucho bien al auditorio. El efecto que puede producir un ejército no es el mismo que produce una turba. Debemos dividir nuestros sermones en encabezados que sean fácilmente recordados, y arreglar nuestro material de tal manera que nuestras ideas y argumentos sigan uno al otro en una forma natural y fluida. El gran predicador del siglo XX, Martyn Lloyd-Jones, dice lo siguiente al respecto:

“La cuestión que estoy subrayando es que debe haber una progresión en el pensamiento, que ninguno de estos puntos es independiente y, en un sentido, ninguno tiene el mismo valor que todos los demás. Cada uno de ellos es parte de un todo, y en cada uno has de ir avanzando y llevando el asunto más lejos. No estás simplemente diciendo las mismas cosas un número determinado de veces, tu meta es llegar a una conclusión final”[1].

Tomen, por ejemplo, la carta de Pablo a los Romanos. Allí el apóstol Pablo desglosa el contenido del evangelio, y podemos ver en su presentación una secuencia lógica de pensamiento: “Deseo ir a Roma a predicar el evangelio” (Rom. 1:13-15). ¿Por qué ese anhelo de ir a la capital del imperio a proclamar un mensaje que podía poner en riesgo su vida? “Porque el evangelio es poder de Dios para salvación” (1:16). ¿Y por qué el evangelio es un instrumento tan poderoso? “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe” (1:17). Pero, ¿por qué necesitamos ser salvados por medio del evangelio? “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres…” (1:18). Y así podríamos analizar cada una de las epístolas del Nuevo Testamento. Debemos presentar las Escrituras en una forma ordenada. Eso no solo será de gran ayuda para el predicador, porque recordará su bosquejo más fácilmente y podrá presentar sus argumentos en una forma más convincente, sino que será de gran ayuda para los que escuchan. Alguien dijo una vez que una buena prueba que todo predicador debe hacerse para saber si tiene un sermón bien arreglado y ordenado, es ver si puede recordar de memoria al menos los puntos principales del sermón. Si él no puede recordarlos, luego de haber estado una semana completa trabajando en él, ¿cómo quiere que la congregación lo recuerde luego?

En cuarto lugar, un buen sermón se caracteriza por su simplicidad. 

Noten que no estoy hablando de superficialidad, sino de simplicidad. A menos que seamos simples en nuestros sermones nunca seremos entendidos, y si no somos entendidos no podremos hacer ningún bien a las almas de aquellos que escuchan. Debemos hacernos entender, y eso no es una tarea fácil. Un siervo de Dios del pasado dijo con mucha razón: “Hacer que las cosas fáciles parezcan difíciles es algo que cualquiera puede llevar a cabo; pero hacer que las cosas difíciles parezcan fáciles es el trabajo de un gran predicador”. Debemos proclamar el mensaje en una forma tal que todos puedan entendernos. El mensaje de la Palabra de Dios debe ser, para la mayoría de nuestros oyentes, claro y diáfano como la luz del medio día. Por supuesto, en una iglesia compuesta por personas de diversos trasfondos sociales y educativos, o en diferentes etapas de madurez cronológica o espiritual, es muy probable que algunas cosas del sermón no sean comprendidas por algunos. Pero debemos hacer el esfuerzo de hacernos entender por la mayoría.

En quinto lugar, el sermón debe ser relevante, aplicativo y persuasivo.

La finalidad de un sermón no es únicamente informar el entendimiento, sino persuadir al auditorio a la acción. Los oyentes deben ver cómo se aplica esa verdad que está siendo expuesta en su diario vivir. La aplicación en el sermón es como la dirección de una carta. Si no escribimos la dirección en el sobre, no importa cuán bueno y edificante sea su contenido, no llegará a su destino. Y, ¿cuál es el destino al que está supuesto a llegar el sermón? A todo el hombre, no solo a su mente, o a su voluntad o a sus emociones. Predicamos a todo el hombre. Mover a un individuo a la acción sin informar su mente es mera manipulación. Pero informar la mente sin clarificar al auditorio qué hacer con esa verdad, y sin persuadirles a obedecer, es puro intelectualismo. Algunos predicadores entienden que su responsabilidad se limita a explicar la verdad, y luego deben dejar que los creyentes saquen sus propias conclusiones movidos por el Espíritu Santo. Pero eso no es lo que encontramos en las Escrituras. Tomemos como ejemplo el Sermón del Monte pronunciado por nuestro Señor Jesucristo (Mateo 5 al 7). Allí vemos que Jesús se dirigía a los hombres en segunda persona (cp. Mt. 5:11121314); con instrucciones precisas (6:1, 2); con un marcado énfasis en cómo llevar esto a la práctica (6:6, 9); y concluye con un llamado claro y persuasivo (7:13-14, 15, 21, 24). ¿Cuál fue el resultado? “Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas” (Mt. 7:27-28).

 

He ahí algunas de las características esenciales para que un sermón sea un buen sermón. Por supuesto, eso quiere decir que el predicador tiene un arduo trabajo cada semana antes de subirse al púlpito a predicar la Palabra cada domingo. Y en esto debemos reconocer con tristeza que los hijos de las tinieblas son más sagaces que los de la luz. Muchos herejes presentan mejor sus herejías que lo que muchos de nosotros presentamos la verdad. De cierto predicador se dijo una vez: “No dice nada, pero lo dice muy bien”. Eso es sencillamente terrible. Pero igual de terrible es que presentemos la verdad en una forma tan descuidada y poco presentable que nadie la entienda o le haga caso. Como bien ha dicho alguien al respecto: “Sucede a menudo que aquellos que tienen un alto concepto de la Palabra de Dios piensan, erróneamente, que no necesitan ser diligentes en la preparación de los sermones. Simplemente entregan el mensaje a la congregación como primero les viene a la mente”. Y luego añade: “Su esposa puede ir a la carnicería y comprar la mejor carne, la más tierna y jugosa, pero si ella simplemente la pone en el plato todavía cruda y sanguinolenta, usted no se la va a comer. Tiene que ser preparada de la mejor manera posible, con el fin de conseguir darle la mejor presentación visual, olor y sabor”[2]. Que el Señor nos ayude a predicar Su Palabra como siervos fieles y diligentes, dejando, luego en Sus manos los resultados de nuestra predicación. ¡Que a Él sea toda la gloria!

[1] La predicación y los predicadores
[2] Bruce Mawhinney, Predicando con Frescura
Créditos: Sugel Michelen | The Gospel Coalition

500 Aniversario de la Reforma Protestante en Centro Familiar Peniel

El Centro Familiar Peniel inicia el año 2017 celebrando el 500 Aniversario del inicio de la Reforma Protestante. Durante todo el año tendremos eventos especiales para atesorar nuestro pasado, apreciar nuestro presente y proyectarnos al futuro. Dios mediante, estaremos publicando notas, artículos y recursos de diferentes ministros y organizaciones que promueven el Evangelio.

En esta primera entrega, el Pastor Miguel Núñez nos habla un poco sobre el proyecto de 95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy, Latinoamérica Despierta que produce el Ministerio Integridad y Sabiduría desde República Dominicana.

Opinión médica respecto de la legalización del aborto en México

«Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. 
Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.
No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. 
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!
Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.»
–Salmo 139:13-18

La misericordia de Dios en el Libro de Rut

Rut

 

«Rut respondió:  —¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti!

»Porque iré adonde tú vayas,  y viviré donde tú vivas.  Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.» Rut 1

Si desea escuchar otros programas ingrese a: MOMENTOS DE CONVICCIÓN

La gracia de Dios en el Libro de los Jueces

Jueces

 

«Cada vez que el Señor levantaba entre ellos un caudillo, estaba con él. Mientras ese caudillo vivía, los libraba del poder de sus enemigos, porque el Señor se compadecía de ellos al oírlos gemir por causa de quienes los oprimían y afligían. Pero cuando el caudillo moría, ellos volvían a corromperse aún más que sus antepasados, pues se iban tras otros dioses, a los que servían y adoraban. De este modo se negaban a abandonar sus malvadas costumbres y su obstinada conducta.» Jueces 2

¿De qué trata el Libro de Josué?

Josue

 

Uno de los versos clave del Libro de Josué es el 1:8 – “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito.” El Antiguo Testamento está repleto con historias de cómo la gente “se olvidó” de Dios y Su Palabra y sufrió terribles consecuencias. Para el cristiano, la Palabra de Dios es vital. Si la descuidamos, nuestra vida sufrirá las consecuencias. Pero si adoptamos de corazón el principio expresado en el capítulo 1 verso 8, estaremos completos y preparados para ser usados en el reino de Dios (2 Timoteo 3:16-17), y encontraremos que las promesas de Dios en Josué 1:8-9 serán también nuestras.