Mirando la vida a través de los lentes de Dios

Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. – Mateo 13:16

La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas –Alexandre Dumas

El escritor francés del siglo XIX Dumas expresó plenamente la enseñanza del Señor Jesús: »La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Mateo 6:22-23 RV60 El Apóstol Pablo, lo dijo de la siguiente manera »Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas.» Tito 1:15 LBLA

La manera en que vemos la vida define nuestras prioridades, nuestras metas, nuestras actitudes; asimismo, define nuestros vacíos, tristezas y sinsabores cotidianos. En otras palabras, una persona es lo que cree, »como piensa dentro de sí, así es ella»; nuestra conducta refleja lo que creemos.

Hace dos mil años Cristo nos dijo que la lámpara de nuestro ser es el ojo; es decir, la forma de ver la vida define nuestro ser. Nuestra cosmovisión o «visión del mundo» definirá nuestras decisiones cotidianas. En su Sermón de la Montaña, Cristo nos da la cosmovisión divina que debe guiar nuestras actividades espirituales, así como las actividades productivas que producen bienes materiales. En términos prácticos, ¿cómo mantener nuestro «ojo bueno» o mirar la vida a través de los lentes de Dios?

1 Reconocer que Dios debe ser el centro de nuestra vida
»Si el SEÑOR no construye la casa, los constructores pierden su tiempo.
Si el SEÑOR no vigila la ciudad, los guardias pierden su tiempo.
Pierden el tiempo ustedes, que se levantan temprano y se acuestan tarde
para comer un pan conseguido con sufrimiento porque Dios da a quien ama, aun mientras duerme.» Salmo 127:1-2 PDT
   Antes que Dios emitiera su palabra, la tierra estaba desordenada, vacía y rodeada de tinieblas. Sin la Palabra de Dios guiando nuestra vida cada día, todo será una pérdida de tiempo.

2 Reconocer nuestra dependencia de Dios
»Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí, y yo en él, producirá mucho fruto, pues separados de mí, ustedes no pueden hacer nada.» Juan 15:5 PDT
»No pongan su confianza en los poderosos; ellos no son más que simples seres humanos que no tienen poder para salvar. Ellos también morirán, volverán al polvo, y ese mismo día todos sus planes acabarán.» Salmo 146:3-4 PDT

3 Recordar que la cosmovisión divina guió la vida de los siervos de la Biblia
»Por la fe, cuando Moisés creció rechazó los honores de ser llamado nieto del faraón. Moisés decidió no disfrutar los placeres pasajeros del pecado; al contrario, decidió sufrir junto al pueblo de Dios. Prefirió sufrir por el Mesías que tener todos los tesoros de Egipto porque estaba esperando la recompensa de Dios. Por la fe, Moisés salió de Egipto sin temer al enojo del rey. Siguió firme como si estuviera viendo al Dios invisible.» Hebreos 11:24-27 PDT

4 Admitir que hay propósitos divinos en cada área de nuestra vida
En el matrimonio:
»Esposos, amen a su esposa así como Cristo amó a la iglesia y entregó su vida por ella. Cristo murió para hacer que la iglesia fuera declarada santa, purificándola con el lavamiento del agua y un pronunciamiento suyo, para presentársela a sí mismo como una novia, llena de esplendor y belleza. Cristo murió para que la iglesia fuera pura, sin mancha ni arruga, ni nada semejante. El esposo debe amar a su esposa así como ama a su propio cuerpo; el que ama a su esposa, se ama a sí mismo porque nadie odia a su propio cuerpo. Todo lo contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo cuida a la iglesia porque formamos parte de su cuerpo.» Efesios 5:25-30 PDT
La razón del matrimonio es para comprender la entrega total de Cristo por su Iglesia, la inversión de vida por amor. El cuidado de uno al otro es el fundamento de la relación de pareja. 

»Ustedes…  inundan de lágrimas el altar del Señor, y lloran con grandes lamentos porque el Señor ya no acepta con gusto sus ofrendas.
 ¿Y aún preguntan ustedes por qué? Pues porque el Señor es testigo de que tú has faltado a la promesa que le hiciste a la mujer con quien te casaste cuando eras joven. ¡Era tu compañera, y tú le prometiste fidelidad! ¿Acaso no es un mismo Dios el que ha hecho el cuerpo y el espíritu? ¿Y qué requiere ese Dios sino descendientes que le sean consagrados? ¡Cuiden ustedes, pues, de su propio espíritu, y no falten a la promesa que le hicieron a la esposa de su juventud! 
El Señor Dios de Israel, el todopoderoso, dice: «¡Cuiden, pues, de su propio espíritu, y no sean infieles; pues yo aborrezco al que se divorcia de su esposa y se mancha cometiendo esa maldad!» Malaquías 3:13-16 DHH
El matrimonio también es para comprender la paternidad de Dios sobre nosotros; es la razón que nos permite procrear. »Los hijos son la herencia que nos da el SEÑOR; los frutos del vientre son la recompensa que viene de Dios.» Salmo 127:3 PDT.

En la enfermedad:
»Una vez Jesús estaba caminando y vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus seguidores le preguntaron: —Maestro, este hombre nació ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?
Jesús les respondió: 
—No es que hayan pecado ni él ni sus padres, este hombre nació ciego para que en él se muestren las grandes cosas que Dios puede hacer.» Juan 9:1-3 PDT

5 Admitir humildemente que Dios desea iluminar nuestra mente para que podamos experimentar plenitud de vida
»Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y se lo estamos anunciando a ustedes: Dios es luz y no hay oscuridad en él. Si decimos que estamos bien con Dios pero seguimos viviendo en la oscuridad, estamos mintiendo, pues no seguimos la verdad. Pero si continuamos viviendo en la luz como Dios vive en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, su Hijo, continúa purificándonos de todo pecado.» 1 Juan 1:5-10 PDT

»Podemos estar seguros de que conocemos a Dios si hacemos lo que él nos manda. Alguien puede decir: «Yo conozco a Dios», pero si no obedece sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en su vida. Pues el amor llega a su perfección cuando uno obedece lo que Dios enseña. La prueba de que andamos bien con Dios es la siguiente: el que dice que permanece en Dios, debe vivir como vivió Jesús.» 1 Juan 2:3-6 PDT

En Génesis 1, toda la creación dio comienzo cuando Dios creó la luz y la separó de las tinieblas; a finalizar el sexto día »vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.»   Nuestra vida será »buena en gran manera» siempre y cuando permitamos que la Palabra de Dios sea la luz que ilumine nuestra vida. ¡La vida, sin duda, sigue siendo fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas, las gafas de Dios!

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