«Niño sicario» recibirá rehabilitación en organización cristiana

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Llegó al mundo el 5 de julio de 1996 en suelo estadounidense con cocaína en la sangre. Sus padres se encontraban recluidos por adicción y posesión de drogas y su abuela Carmen de 71 años, se haría cargo de su custodia junto con otros cinco nietos y se los traería al Estado de Morelos, México.

Su nombre es Edgar N., conocido como «El Ponchis,» vivió lejos de sus padres y perdió a su abuela a los nueve años. A los 14 años confesó haber matado a cuatro personas. El 2 de diciembre de 2010, fue detenido por militares en el Aeropuerto Mariano Matamoros de Morelos cuando se disponía a abordar un vuelo con destino a la ciudad de Tijuana para cruzar hacia San Diego, California, de donde es originario.

Su carrera criminal la inició a los 11 años, con el asalto a un negocio. Fue detenido por las autoridades, pero salió libre por tratarse de un menor de 12 años. Poco después, cuenta que fue “levantado” por la banda de Julio de Jesús Hernández Radilla, El Negro, líder de los sicarios del Cártel del Pacífico Sur quien lo introdujo en el mundo del narcotráfico, de la tortura y el asesinato; le asignaba trabajos como degollar y cortar los órganos genitales de rivales, bajo el influjo de la mariguana.

Esta semana fue puesto en libertad luego de purgar una condena de tres años de prisión, pena máxima para menores en Morelos. Por tratarse de un menor de edad, el también conocido como «niño sicario» será entregado a la organización cristiana Outcry In The Barrio, que se hará cargo de su custodia y manutención.

El ministerio Outcry in The Barrio (Clamor en el barrio) fue fundado por Freddie García quien a principios de 1960, lo único que le importaba era su próxima dosis. Era una adicto a la heroína, que había pasado por varios programas federales, pero los mejores psicólogos del país no pudieron ayudarle contra su adicción a las drogas.

Después de mudarse a Los Ángeles en 1965, se encontró con un viejo amigo, quien le dio una tarjeta que decía: «Si estás enganchado y necesita ayuda, llame a Teen Challenge.» Determinado que este sería el último intento de abandonar las drogas se registró en este programa del ministerio fundado por David Wilkerson.

A la tercera semana, Dios había ablandado su corazón, y en un servicio de capilla pasó al frente para recibir a Cristo en su vida. En el altar, se dio cuenta de que ni siquiera sabía cómo orar. Él simplemente levantó las manos y gritó: «¡Dame un respiro, Señor estoy cansado de usar drogas. Por favor, perdóname mis pecados y dame un descanso!»

Después de 16 años de adicción a las drogas, el deseo de García a consumir drogas fue sobrenaturalmente quitado. Llamó a Ninfa, la madre de sus dos hijos, y le explicó lo que había sucedido. Él le dijo que si ella también quería vivir para Jesús, se casaría con ella.

Dentro de unos meses de contraer matrimonio, Freddie García se matriculó en el Instituto Bíblico Latinoamericano en La Puente, California, donde se graduó en junio de 1970. Tres días después de la graduación, él y Ninfa se trasladaron a San Antonio, Texas, su antiguo hogar. Poco tiempo después atendió el llamado de Dios y abrió su centro de rehabilitación en su pequeña casa.

La pregunta obligada es, ¿funcionan los programas de rehabilitación bajo un enfoque espiritual? Los números parecen alentadores, porque al menos el 60 por ciento de las personas que pasan por el programa de Outcry in the barrio dejan el hábito de las drogas. Para los que se quedan más de tres meses las estadísticas son aún mejores. Este porcentaje es seis veces superior al 10% de efectividad de los programas de gobierno.

El programa se desarrolla en dos pasos. El primero consiste en la desintoxicación apoyado por un par de cuidadores que le brindan toda la atención que requiere. El siguiente consiste en un programa completo de estudios bíblicos, servicios de capilla, discipulado y reportes de lectura de libros. No hay televisión y tienen muy poco tiempo libre. Tres veces al día, los residentes pasan una hora en oración. En definitiva, se trata de un «campo de entrenamiento» espiritual en la que aprenden a poner toda su confianza en Dios.

Actualmente el ministerio de los García en su conjunto se conoce como Victory Fellowship, y abarca numerosos centros tanto en los Estados Unidos y en el extranjero. Más de 13 500 vidas han sido restauradas a través del ministerio – y muchos otros han sido tocados a través de un «efecto multiplicador». Victory Fellowship ahora tiene sucursales en más de 30 sitios, entre ellos todas las grandes ciudades en Texas, Albuquerque, Nuevo México, Denver, Fresno, California, y en México, Puerto Rico, Venezuela, Perú, Argentina y Colombia.

Los resultados no han sido ignorados por la sociedad, e incluso la noble labor altruista de los García fue galardonado en 1990 por el presidente George W. Bush en el Jardín de Las Rosas en la Ciudad de Washington D.C.

En medio de la obscuridad del mundo del narcotráfico y las drogas, retumban las palabras de Aquel que hace dos mil años nos dijo: «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.» Juan 10:10. ¡Es nuestro privilegio seguirlo anunciando a nuestro mundo necesitado de esperanza!

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